
Hamás y Al Fatah, las dos tendencias predominantes dentro del pueblo palestino, se han sentado en Egipto en la mesa de negociación; creen que ha llegado el tiempo de la paz y la unidad. En ambas partes reside la esperanza de lograr un acuerdo que permita un gobierno de unidad nacional, especialmente dirigido a ayudar a recomponer la ensangrentada Gaza.
La herida entre los islamistas y los nacionalistas está abierta aún. Hemos podido leer cómo durante los feroces ataques israelíes sobre la Franja, militantes de Fatah ayudaron a las fuerzas armadas sionistas a marcar objetivos estratégicos contra la milicia islamista. Más tarde, los guerrilleros de Hamas ejecutaron, públicamente, en las plazas, a miembros de Fatah sospechosos de haber colaborado. Llevaban ya muchos años en una guerra abierta. Parece que ahora ha llegado la hora de construir la paz, una paz difícil de alcanzar entre los hermanos que se han odiado mientras eran aplastados por el enemigo externo.
La fractura del pueblo palestino no es sólo una brecha de ideologías dispares, en absoluto, es una brecha del poder. Hace ya tiempo que los "socialistas" de Fatah empezaron a mostrar corrupción en sus gobiernos, y en ningún momento iban a abandonar su histórico papel de único representante del pueblo palestino, aunque la decisión política y democrática de los ciudadanos dijese lo contrario. Hamas se ve fortalecidad en aquellos territorios donde la represión israelí es más fuerte, donde hay más muertos, donde hay más desesperación. El pueblo se siente olvidado por sus dirigentes históricos, Hamas, que nace desde abajo, es su nueva esperanza. La religión, que siempre recibió bien los más duros llantos y los más temibles rugidos de venganza, encuentra muchos adeptos en ese territorio. Hamas se encuentra cerca del pueblo, se confunde con él, le protege.
Como se ha visto, aunque es un dato que los medios de comunicación convencionales no han hecho demasiado público, en la defensa de Gaza Hamas colaboró con el FPLP. El Frente Popular es comunista y sus integrantes, mayoritariamente, de ascendencia cristiana, es aliado histórico de Fatah y ala más radical de la OLP. Este movimiento político, como vemos, es una tendencia política completamente dispar al integrismo de Hamás. Pero han sido aliados, su unidad era la de la resistencia, expresado así por el líder comunista en una entrevista. El enfrentamiento de Fatah y Hamás, pues, no es político, es de poder. Si juntos luchan por crear un nuevo poder, lograran crear la unidad necesaria para sobrevivir a Israel.
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